
Hace unos meses, en la crítica del último Spiderman, Anthony Lane decía:
Is this truly the best that the filmmakers can be bothered to do for our delight? Just how easily and stupidly pleased do they presume we are?De eso me acordaba yo el pasado domingo cuando salía de ver 28 semanas después.
ojo spoiler. Lo que al querido Lane le saca de quicio de Spiderman 3 es que, cuando cae un meteorito a la tierra y sale una cosa asquerosa de él y se pone a buscar carne caliente a la que agarrarse; de todas las personas del mundo mundial -un colectivo que recordemos incluye a supermodelos, strippers y fornidos atletas marathonianos de largos músculos torneados- ¡la cosa elige a Peter Parker! ¡De toda la gente del mundo mundial! Hasta Mary Shelley se esforzó en darle una explicación científica a lo de juntar trozos de cadáveres y que funcionara. Coincidirán conmigo en que eso tenía más difícil solución.
Volviendo a Fresnadillo. Vale que la trama no tenga ni pies ni cabeza, que los dos momentos centrales de la película -los que desencadenan la acción- eludan alegremente todas las leyes de la naturaleza humana, material y burocrática, que el virus les suba más rápido que el tiro que te metes cuando te echan del último bar y que todas las mujeres que aparecen corran dando saltitos como las mariquitas del campo como si las señoritas no supiéramos correr. Pero se puede saber por qué, de los catorcemil novecientos sesenta zombies que heredan Londres, van los putos niños y se encuentran con su padre? ¿Una, dos... TRES VECES? ¿ESTO ES TODO LO QUE TIENEN PARA DARME POR OCHO EUROS?
Fin del spoiler


