Hace ya mucho tiempo que sigo este programa en España. Lo veo a través People + Arts, ya sabéis, vía los canales digitales.
Uno de mis tatuajes se realizo allí y fue Kat von D. (Katherine Von Drachenberg) quién dejó marcado sobre mi piel uno de las obras de Bruce Nauman (una sombra chinesca): ella es especialista en matizar lo tatuado.
El tatuaje es algo más que un adorno. Es una marca que indica un límite infranqueable: un no más allá, o un no más aquí. Nuestros deseos, la vida misma, quedan registrados como aquello que tuvimos y perdimos... o rompimos; como aquello que nunca estuvo a nuestro alcance y deseamos con todo nuestro corazón. También los accidentes de la vida y nuestras pasiones más juguetonas o pervertidas.
No puedo hablar mucho del tatuaje, del arte esencial que es y no quieren ver. Del respeto y miedo que impone el primer tatuaje sobre nuestra piel , nuestras entrañas y sobre todo en y sobre nuestra alma.
Mi primer tatuaje fue largamente demorado, pero todo fue empezar... y no acabar.
El programa de la gente de Miami Ink es muy recomendable. El formato es muy especial: sus historias; cómo quedan mezcladas y como se imponen sobre nuestros miedos.
Hay programas de Miami Ink en donde cada uno de los clientes entra en la tienda con un deseo, con una necesidad que sólo será aliviada a través de la escritura y de la imagen sobre la piel... la superficie de nuestros deseos y de nuestro alma.
Hoy, después de ver uno de sus capítulos no he podido resistirme a escribir esta breve reseña de un programa y de un espíritu que cada día me fascina más.
Ánimo, hazte tu primer tatuaje y descubre el placer de la marca, del límite y de la obsesión en conserva.
... y no te tienes que ir a Miami para que el tatuaje sea excelente. Siempre hay un tatuador a la vuelta de la esquina: puedo poner la mano en el fuego (así de fácil)
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